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lunes, 14 de mayo de 2012

Como ser un jefe “excelente” (III)



Continuamos con algunos de los rasgos, que debería tener un jefe, para poder considerado “excelente”:
-Los empleados no son hijos, son compañeros. No es muy común que algunos jefes vean a sus trabajadores como si fueran personas inferiores o inmaduras, en quienes no se puede confiar , sino se supervisan, como si estuviéramos en un sistema de gestión patriarcal. Todo lo contrario, la lucidez del buen jefe, debe hacer que el empleado se vea como un igual, somo si él o ella fuera la persona más importante de toda la empresa, lo que va a generar en el empleado la sensación de pertenencia y de responsabilidad hacia el proyecto, dando igual cuál es el nivel del empleado, cuál es el verdadero cometido del mismo, dentro de la misma.
-La motivación no va a nacer del miedo, si no de la visión. Muchos jefes tienen la tendencia a transmitir a sus empleados el miedo, si no son competentes, ya que se pueden enfrentar al ridículo, al despido o a la pérdida de una serie de privilegios. Todo esto no va a llevar a nada positivo. Tanto los directivos, como los empleados, acaban por sentir miedo a tomar decisiones, que pueden ser arriesgadas, dentro de esta dinámica, evitando lo que puede ser el quid de dicho negocio. El buen jefe, mientras tanto, va a ser capaz de motivar a su gente, ya que va a potenciar su capacidad para poder ver un futuro, que va a ser mucho mejor y haciéndoles sentir que van a ser parte de él. Así, los trabajadores van a realizar su trabajo mucho más duro, ya que van a creer en los objetivos de la organización, van a disfrutar de lo que están haciendo y van a saber cómo deben compartir la recompensa.
Foto: fuente

Como ser un jefe “excelente” (II)



Seguimos con algunas de las pautas o claves, que hacen que un jefe sea excelente o no sea bueno en su puesto.
-Una empresa no es una máquina, es una comunidad. Muchos jefes piensan que su empresa es una máquina, que tiene muchos engranajes, que están encarnados en los empleados y, por esta razón, se crean estructuras rígidas, con normas que son poco flexibles. Pero los jefes que, realmente, son de éxito, ven a su empresa, como si fuera una colección de esperanzas y sueños, de cada uno de los individuos, todos conectados por un determinado objetivo o una meta común, que les vaya a hacer superar como individuos. Este tipo de jefes inspiran y buscan motivar a sus trabajadores, para que se apliquen y se dediquen, para conseguir el éxito propio y el de sus compañeros y, por esta razón, a la buena marcha de la comunidad y la empresa, en términos generales.
-El buen jefe no se encarga de controlar, sino de dirigir y de organizar. Para la mayoría de los jefes, lo que huela a iniciativa propia, puede esconder a un cierto aire de “insubordinación”, pero,en ocasiones, se van a crear entornos en los que se sofocan las ideas individuales de los trabajadores, para poder imponer sus propios criterios. El jefe perfecto es el que va a establecer una dirección general y se va a comprometer a lograr los recursos que sus trabajadores necesitan para poder llevar a cabo su puesto de trabajo, pero que, en el momento de tomar decisiones hay que democratizar el proceso, para poder fomentar la participación y permitir a los equipos crear sus propias reglas, para poder intervenir, solamente, en casos de emergencia.
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Como ser un jefe “excelente”



Ser jefe no es nada fácil. La capacidad de liderazgo, en medio del mundo empresarial, supone saber donde está el equilibrio entre los intereses del negocio, las dores de gestión de grupos de empleados y la relación humana, que tienen con los trabajadores. Según ha publicado Geoffret James, que es el autor del libro Business to business selling, nos encontramos con los ochos puntos para conseguir ser un buen jefe, que deberían tener los jefes en mente, para poder conseguir que los negocios salgan adelante. Son los siguientes:
-Una empresa es un ecosistema, no un campo de batalla. La mayoría de los jefes aún siguen viendo su equipo de trabajo como si fuera un ejército de personas, que se tienen que enfrentar a la guerra; pero, los excelentes gestores van más allá de la supuesta guerra y no se quieren limitar a ver la competencia, como si fuera un problema o un enemigo y al cliente, no lo deberían como un “territorio por conquistar”. Los buenos jefes ven los negocios como si fueran una simbiosis entre las distintas compañías del sector, de manera que varias pueden llegar a sobrevivir, al mismo tiempo. Para poder hacer frente a dicha situación, hay que crear equipos, que sean capaces de adaptarse a los nuevos mercados y poder asociarse, de manera rápida, con otras empresas, si tuvieran que hacerlo, para poder conseguir ventajas, sin importar que estamos hablando de competidores.
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